A mediados del siglo XIX se construyó una nueva carretera que comunicaba con el norte de los Pirineos. Esta carretera podía facilitar una hipotética invasión desde Francia, por lo que se decidió defender la ruta con algunas fortificaciones. En 1877 se redactó el proyecto de dos torres fusileras, una de las cuales pervive al pie de la actual carretera N-330 y podemos admirar aquí, en esta panorámica. La acción popular emprendida por los vecinos en fechas recientes, impidió su traslado a un entorno bien diferente y su reciente restauración.
Se trata de una construcción de planta elíptica y cierto aire medieval, defendida con foso. Tiene cuatro pisos, con capacidad para 25 hombres, tuvo cocina, enfermería, cuarto de oficial, calabozo y leñera.